Última crónica (Jessica Sánchez)
Escribo estas palabras a unos días de terminar
“formalmente” la práctica social, minutos antes pensaba en este, mi último
semestre antes de graduarme y no dejo de sentirme nostálgica mientras tecleo.
Recuerdo las circunstancias, positivas y a veces difíciles de estar en esta
práctica, de organizar los tiempos, de trabajar en equipo, de planear las
dinámicas, de leer y releer los textos, de reconocer los contextos; y también
me pregunto por mi lugar en todo esto ¿qué hice? ¿qué logré? ¿qué construí?
¿qué es eso que hoy me permite definirme como una docente en formación a punto
de terminar la carrera?
Ahora me contesto yo misma, que en grupo planeamos,
intervenimos y conformamos, establecimos y desarrollamos estrategias que
promovieran una lectura entretenida, reflexiva y también amena, pero ¿fue
suficiente? ¿hubo un cambio significativo? ¿hay trascendencia en lo que
construimos? Quizás no, es la respuesta menos positiva y la más realista, en
unos meses los participantes al club de la pola lectora recordarán a aquel
grupo de jóvenes que lideró la conversación y que se preocupó por promover la
reflexión crítica, pero afuera el mundo no cambiará, nunca sabremos con certeza
qué cosas quedarán en la mente de los participantes, qué aprendizajes se
llevarán. Sin embargo, hoy nuestra única certeza es el aprendizaje que nos
llevamos nosotros mismos y al menos la semillita latente en los participantes
de preguntarse por lo que leen y razonan.
Ahora bien, mi certeza hoy es que, aunque en un futuro
no me dedique a ser docente, lo que no cambia es la sensación satisfactoria de
querer enseñar, formar, sensibilizar, me queda la certeza de que es necesario
humanizar, encontrarme quizás, cuestionarme sobre lo que yo puedo hacer, cómo
puedo transformar, desde dónde puedo actuar. Ésas son las certezas de mi
práctica social.
Esta es una práctica interesante, -tal vez la más
interesante en la que he participado-,ha sido distinta a una práctica educativa
y creo que en su praxis logra desarrollar perfectamente lo propuesto; se acerca
de una manera puramente humana a la vulnerabilidad y apela -aunque redunde en
términos- a la parte más humana de la sociedad, nos hace cuestionarnos sobre
nuestro papel en ella, en cómo podemos intervenirla. El único problema y quizás
también lo bello del asunto, radica en que, una vez terminada la practica
social, no conseguimos más que hacernos un pequeño espacio que habitar, que es
nuestro y que por tanto, hay que construirlo.
Jessica Sánchez

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